miércoles 31 de diciembre de 2008

¿Cómo que guau?




Los amantes de los perros son la polla. Aparte del hecho de que no les comprendo, a veces dicen cosas que me parecen dignas de ser comentadas en este mi humilde blog. Vale que son muy útiles para los invidentes, eso no lo voy a discutir. Vale que los perros policía son la leche, aunque cuando impiden la entrada del jachís ya no me hacen tanta gracia los cabrones estos. Vale que Dartacán era muy gracioso y que eran uno, dos y tres los famosos mosqueperros y bla, bla. Muy bien. Pero de ahí a afirmar sentencias como las que llegan a afirmar estos seres humanos siniestros que tratan a los canes como si personas fuesen, va un trecho. Y es que un servidor tiene la desgracia de contar en su familia con componentes -no pienso, BAJO NINGÚN CONCEPTO, decir quiénes, ya que son sangre de mi sangre- que se pirran por estos bichos ladradores hasta el punto de pasar horas y horas hablando de ellos y contemplando embobadas -digo embobadas porque son mi madre y mi hermana- cada cosa TÍPICA Y COMÚN DE UN PERRO que estos hacen. Bueno, sin ir más lejos, mi hermana tiene un blog exclusivamente dedicado a sus dos perros. Y eso es muy normal, claro.

En fin, que voy a lo que voy. Les presento las frases más comunes que uno escucha de los amantes de los perros:

1.-Los perros dan amor y cariño. Los perros dan pelos. Eso es lo que dan los perros. Porque allá donde van sueltan matas de pelo que ya llegan a ser inconcebibles para el ojo humano. ¿Quieres amor y cariño? Yo qué sé, vete a un puticlub.

2.-Los perros son el mejor amigo del hombre. Ea. Ya está todo dicho. ¿Y el delfín, qué? Pero claro, los perros me invitan a tomar cervecitas cuando estoy mal, me sacan los sábados por la noche para que no me aburra, me consuelan cuando una novia me ha dejado... Si tu perro es tu mejor amigo, tienes un problema. SOCIALÍZATE.

3.-Los perros te entienden cuando les hablas. Sí. El otro día le pregunté a uno el secreto de Telepizza y me dijo que era la masa, ¿no te jode? Los perros no entienden lo que dices. Es más, ni siquiera saben que su nombre es su nombre. Cuando les llamas vienen corriendo porque están acostumbrados a oír esos sonidos y que les des de comer o juegues con ellos o lo que sea. Lo que me lleva a la conclusión principal que saco de los perros: SON UNOS INTERESADOS CHAQUETEROS. Se van con el que les da de comer, hecho este que hace pensar a su dueño que es su mejor amigo, pero nooooooooo. Te sigue porque un perro SIEMPRE tiene hambre. Un animal que vive 12 años y que en su lecho de muerte aún no se ha enterado de que Tobby es su nombre porque sí, porque se llama así y que eso no implica que vaya a zamparse una salchicha NO ENTIENDE UN CARAJO.

4.-Los perros te lamen porque te quieren. Pues que se vayan a lamer a su padre, que a mí me da muchísimo asco que me chuperretee un perro. ¿Y la gente que deja que le embadurnen la cara? ¡¡¡Por Dios, qué asco!!! ¿Y por qué se lamen los huevos? ¿Eh? ¿Eh? Yo he visto a un perro lamiendo el suelo de una casa. ¿Quiere mucho al suelo?

Y, amigos, para la quinta frase quiero una especial atención. Quiero un momento de reflexión, porque lo requiere. Cuando uno oye algo como esto, es que el mundo no va bien. O Lassie ha hecho más daño del que esperábamos o la gente se está volviendo loca o los perros emanan un gas nocivo que afecta a las neuronas o yo qué ostias sé, porque decir esto tiene enjundia o cojones o como queráis llamarlo. Juro solemnemente que es verídico al cien por cien que mis orejitas han escuchado esta frase y no una, sino más de una vez de un/a amante de los perros. Sin paños calientes:

5.-El perro es el animal más limpio que exite.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ANDA Y JÓDELA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

O sea. Un bicho peludo que no se puede lavar más de una vez al mes porque si no, huele más -eso dicen los entendidos-, que está todo el día revolcándose por el suelo, que jamás en su puta vida se ha lavado los dientes con profident, que se bebe los meados perrunos cuando camina por la calle, que se caga por donde le da la gana y no usa papel higiénico... ¡¡¡EL ANIMAL MÁS LIMPIO QUE EXISTE!!! ¿Y por qué? PORQUE SE LAME A SÍ MISMO. ¡¡Toma castaña!! Pero ahora yo me tiro un mes sin ducharme y lamiéndome y soy el tío más guarro del mundo, ¿verdad? Claro, como no digo guau y no dejo que me pongas un chalequito rojo ridículo en invierno para parecer más persona... ¡¡¡Que-te-vayas, hombre!!! El perro es el animal más cochino que existe en el mundo, huele mal, da mal olor a la casa y suelta pelo pa hacerle ocho melenas al cabezón del pueblo.

En fin, que no acabo yo de comprender a esta gente que ama tantísimo a los chuchos hasta el punto de dejarles dormir en sus camas, comer de sus platos (¡¡¡¡¡PUAJ!!!!!) y todas esas cosas que hacen estas personas tan raras.

Y bueno, os dejo ya que me voy a cenar a casa de mis tíos para celebrar la entrada del nuevo año, que tienen un perro monísimo y con el que me encanta jugar. Adiosssssssssssss.

lunes 29 de diciembre de 2008

El cielo caerá sobre nuestras cabezas

Se acerca el día. En teoría tenía que tocar el 4 de enero en un pequeño bar de Mairena del Aljarafe, pero encontrar un juego de voces me está dando más problemas de los esperados y puede que la cosa se retrase un poco. Sea como sea, este mes que entra llega el momento de tocar por fin, después de tantos meses planeándolo. El listado de canciones ya está más o menos decidido, y es el siguiente:

1.-Las horas perdidas (Niños mutantes)
2.-Balada del desarraigado (M-clan)
3.-Abrazado a la tristeza (Extrechinato y tú)
4.-Fuego griego *
5.-Copenhague (Vetusta morla)
6.-Carretera *
7.-Mira + Que no (Deluxe)
8.-Irremediablemente cotidiano (Bunbury)
9.-Tanto dolor *
10.-Al respirar (Vetusta morla)
11.-Bienvenido al final (Deluxe)

Las que tienen asterisco son las compuestas por mí, y para celebrar un poco el hecho de tocar, he decidido colgar dos de ellas: Tanto dolor, escrita en enero del año que se va, y Carretera, en abril.

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Tanto dolor


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Carretera

Y luego tengo una duda existencial, y es que no sé si empezar el concierto con Las horas perdidas o con Balada del desarraigado. Ahí van las dos. Acepto consejos.


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Las horas perdidas


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Balada del desarraigado

Y luego, concierto con un tío que nos puede mandar para El Terrat viéndonos y concurso con premio de mil euros el día de Andalucía. Y posible aparición en una revista musical. El 2009 se presenta melódico...

domingo 28 de diciembre de 2008

Las mentiras y las drogas son buenas


"Miénteme, tonto"

Si dijéramos la verdad allí donde vamos, destrozaríamos morales. Todos decimos que odiamos la mentira, pero esta es más que necesaria en situaciones que nos encontramos una y otra vez. Si no, ¿qué habría sido de Marc Anthony si sus amigos no le hubiesen dicho: "¡Tío, éntrale, que tú eres guapo!"? Sí, señor, hay mentiras que son para bien, que acaban con final feliz. Pero hay otras que, más que positivas, son necesarias, porque de no estar ahí, a) quedaríamos muy mal, y b) despedazaríamos la moral del prójimo en más de una ocasión. A saber:

1.-Mi amiga es muy linda. Vale. Esta noche te van a presentar a una tía muy fea. Ve buscándote una excusa o lo que quieras, pero no vayas a la botellona o lo que sea que habéis acordado para que te la presenten, porque vas a tener que poner sonrisa falsa y decir: "No, si yo ahora no busco nada; estoy bien solo".

2.-No, si yo ahora no busco nada; estoy bien solo. Y un carajo. Estás mejor solo que mal acompañado, eso sí, y dices lo de solo porque la tía o el tío en cuestión no te gusta. Pero que te venga el duque ese o Claudia Sch... Shif... Sh... Penélope Cruz, que verás tú si estás mejor solo o en compaña. Anda, ome. A la cárcel vas a venir a robar.

3.-Ahora mismito te iba a llamar, fíjate tú. Esta frase es muy recurrente para los que, como yo, tenemos la cabeza a las tres. Tiene dos variantes: porque te olvidas o porque no tenías ni la más mínima intención de llamar al/la susodicho/a, y suele ir seguida de un característico "Ya..." de tu interlocutor/a. Esta mentira es la mejor de todas, porque tanto el que la suelta como el que la recibe saben perfectamente que se está faltando a la verdad descaradamente, pero lo más común es que se corra un tupido velo y aquí no ha pasado nada.

4.-Gracias por su curriculum, ya le llamaremos. Tus amigos van a tener que seguir invitándote a cervezas por un tiempo.

5.-¡Ha ganado un fantástico premio! ¡¡¡Cuelga!!! ¡¡¡Rápido!!! ¡¡¡Cuelga ya, hombre!!!

6.-Qué simpático es tu amigo, ¿no? Quiero cabalgar a tu amigo día y noche sin descanso y conocer el placer en estado puro y no sé cómo he podido vivir hasta hoy sin conocerle.

7.-Estás más... fuerte. Era irremediable. No podías comer Phoskitos todos los días y no engordar. Controla, que empiezan a notártelo.

8.-¡¿Síii?! Anda, pues no me llegó el mensaje. JA JA JA. Qué pringao.

9.-Lo que cuenta es la intención. Has hecho una mierda gorda de regalo. Cuando la palabra intención aflora en el contexto "regalil", es que o estabas más seco que el pezón de tu abuela y no has podido comprar nada bueno o tienes menos gusto que Jose María Carrascal eligiendo corbatas. Amigo, tu regalo no ha gustado.

10.-No es que no te eche de menos, es que estoy tan entretenida todo el tiempo... Uy, qué poquito te queda para ser soltero otra vez.

11.-Además, ¿sabes qué te digo? Que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Jur, jur, jur.

12.-No eres tú, soy yo. Sí. Eres tú.

13.-Si la estaba mirando porque también son ganas de llamar la atención. Se traduce en: "Dios, qué buena está esa tía".

14.-He estado con más de treinta. Una vez estuve con una y otra me miró en un bar.

15.-En ti, claro. ¿En qué iba a estar pensando? Y los dos contentos.

En fin, y paro aquí, aunque hay muchas más. Si alguna vez soltáis una de estas y notáis que quien escucha se la traga y además resulta que es vuestra pareja, podéis acostaros con otra persona en vuestra cama, que si os pillan, con un "Cariño, no es lo que parece", todo resuelto.

viernes 26 de diciembre de 2008

Minutos musicales: Niños mutantes

Ante mis inminentes actuaciones en bares (pobresitos), últimamente estoy tocando mucho, por eso de ensayar y esas cosas. Ahí van dos versiones de Niños mutantes: la primera, Las horas perdidas, canción con la que posiblemente abra uno de los concerts, y a la que al final, por despiste, creo que le he cambiado la letra. La segunda, No puedo más contigo.


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Las horas perdidas


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No puedo más contigo

jueves 18 de diciembre de 2008

Puedo fingir que me da igual

Podemos tirarnos horas y horas haciendo autoanálisis, hablando de nosotros mismos, pintando cuadros sobre lo que queremos ser y no somos, pero no merece la pena. Al final, no somos nada, no estamos entrenados ante lo nuevo, somos frágiles y torpes; podemos ponernos mil armaduras y mil cascos hasta el punto de no poder respirar, y luego llegará quien nos desarme o nos escupa a la cara, y de nada servirá entonces el rock and roll, la armónica ni la puta madre que los parió. Podemos vestirnos de blues y calzar gafas de sol, podemos tatuarnos "amor de madre" y ser los más malotes del lugar o mostrar a las claras la bondad que una vez nos inculcaron; podemos prometer el oro y el moro, que luego lo mismo nos acostamos con la primera que se nos cruza y nos sonríe. Sí, a veces somos un poco putas. Podemos hablar de responsabilidad y volver doblados a casa; podemos decir "me da igual" y llorar por los rincones. Podemos dejarnos greñas y comer con la mano derecha o levantar el puño y dejar que nos den por detrás. Podemos hacer tantas cosas para vendernos como queremos que nos vean... Podremos decir "para siempre" ante un cura y mirar con lascivia a la vecinita de arriba; podremos ser políticamente correctos y dar lecciones a nuestros hijos mientras nos dejamos el sueldo en el bingo; podemos decir "yo jamás esto" y ser más nazis que una esvástica. Podemos fingir. Podemos mentir. Podemos decir "adiós, cariño" y echar de menos a rabiar.

Podemos hacer lo que queramos. Porque tenemos boca y siempre habrá a quien engañemos y nos escuche.


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miércoles 17 de diciembre de 2008

A las viejas las carga el diablo



Tengo la teoría de que no hay nada más peligroso que una vieja con dinero suelto. Síiiiiiiiiiii, señor. En el fondo, todos los sabemos. Pero, por si acaso, antes de que el defensor del mayor se me eche encima y me critique por inhumano y antipático cabrón, voy a explicarme. Si tienes prisa, si tienes algo importante que hacer, si estás cansado y quieres llegar a casa cuanto antes pero tienes que hacer esa comprilla en el supermercado antes de subir y te toca justo delante una vieja con un monedero en la mano en la cola de la caja ... estás jodido. Estás jodido porque estas señoras nunca llevan un billete. Noooooooooooooooo. Error. Llevan treinta euros en moneditas de cinco céntimos. Pero lo grave no es esto. Lo grave es que si este hecho no es ya de por sí un polvorín para con tus ganas de llegar a casa o de ir adonde quieras ir, las viejas son astutas y saben que arma poderosa + arma poderosa = arma mortífera. Sí, amigos, zorrunas como son (zorrunas de listas, obviamente, no de putas), tienen conocimiento de lo letal que es la combinación de monedero lleno de moneditas de cinco céntimos con su falta de visión (nocturna y diurna). Y es que si hay un momento en esta vida en que me entran sudores fríos y me tiemblan las piernas cual corderillo al que llaman a la puerta y ve por el hueco de esta una patita blanca asomando y destiñendo, es ese en el que la cajera dice: "Quinse con sincuenta" (sevillanish) y la vieja abre de par en par su monedero de piel y ves por primera vez en tu penosa existencia una lluvia de monedas caer sobre la zona de la caja habilitada para recoger lo que has comprado. Es entonces cuando acerca los morros a un palmo de estas porque no las ve o las quiere oler o yo qué ostias sé. En ese preciso instante siempre me pasa lo mismo: me arrepiento de no ir a comprar al supermercado con una silla de playa y un libro. Porque además, con ese sentido del orgullo que parece que los años van dando, no se deja ayudar por la cajera. Son viejas, pero ¡qué reflejos tienen las cabronas! Es ver que la cajera extiende el brazo para contar por ellas, y ni un segundo tardan en soltar el latigazo de "blocaje" que alguna vez vieron en una película de Kung Fú. ¡Pero Kung Fú pagaba con billetes, señora! Ha llegado entonces el momento de pensar en tus cosas, de reflexionar sobre la vida, de meditar sobre si estás tomando el camino correcto, de hacer planes para el fin de semana. Porque, asúmelo, desde que oye el precio de la compra hasta que la señora ha contado céntimo a céntimo la cantidad a deber, PUEDES FORMAR UNA FAMILIA.

Pero aún hay más. Esto no es lo peor que puede pasarte. Lo peor que puede ocurrirte es que, mientras que la vieja a la que vamos a llamar viejanumberone cuenta sus monedas, otra vieja a la que vamos a llamar viejanumbertwo llegue por detrás. Entonces más que jodido, estás perdido. Da igual cuántas personas tengas de muro de defensa entre ti y la viejanumbertwo. Ve asumiéndolo. La viejanumbertwo va a llegar a tu lugar antes de que hayas pagado. Porque las viejas, por limitaciones físicas obvias, nunca compran más de uno o dos objetos. Y es aquí donde urden su plan de estrategia favorito; el que yo llamo "yopagolaprimeraporquesí". Los suspiros son fundamentales en estas técnicas de ataque. Hay ocho personas en la cola. Tú eres el primero por detrás de la viejanumberone. La viejanumbertwo llega a la novena posición. Carraspea. Suspira. Y entonces pronuncia las palabras mágicas. Ni el "abracadabra" o el "¡Ábrete, Sésamo!" abrieron más puertas que esta mágica alocución: "Mira que tener que esperar la cola, con las pocas cosas que llevo..." Es entonces cuando el octavo en la cola empieza a sentirse culpable y solidario. Y así va escalando puestos como Fernando Alonso. Séptimo... Sexto... Quinto... Y llega a ti. Y la viejanumberone todavía contando moneditas. En fin. Os diría que normalmente me da tantísimo coraje que no me lo pidan directamente y recurran a este tipo de sutilezas que me doy por no enterado y no dejo pasar, pero quedaría tan antipático...

No os dejéis engañar por su aspecto frágil y entrañable: lo tienen todo planeado. El supermercado es su terriotorio, su campo de guerra, y su arma, las moneditas de cinco céntimos. Cuidadito, que a las viejas las carga el diablo. Yo ya os he avisado.

martes 16 de diciembre de 2008

Oliver y Benji en Sevilla sity, ave o no, surmano?

Si Oliver y Benji fueran dibujitos animados de hoy día y fueran andaluces, la historia habría sido bastante diferente. El compañerismo y buen rollo en general (salvo por Mark Lenders) que se respiraba en los partidos de antaño habría sido fulminantemente eliminado. El afán de superación, la exaltación de la amistad, el perseguir de las metas personales... todo a la mierda. Porque Oliver y Benji hoy día serían canis. Y Mark Lenders, un delincuente común.

El primer gran problema se presentaría en el juego en sí. Ya no corretearían por un campo más largo e interminable que una pista de aterrizaje, sino que jugarían al fútbol en la play. Oliver y Mark estarían sentados sobre una alfombra totalmente picados con el mando y la lengua fuera como burras en celo.

Pero obviemos la play. Pongámonos en que se ha ido la luz y salen a... ¡¡la calle existe!! a jugar. Frases míticas como "¡Detendré EL TIRO DEL TIGRE!" o "¡A ver si paras mi TIRO CON EFECTO!" desaparecerían en pos de otras como: "Te via dá LA DER TIGRE, caniho" o "Como me toques los güevos, surmano Ed Wárne, en EFECTO, me TIRO a turmana, desgrasiao, ¿ave o no?".

Mark Lenders (qué mal me cayó siempre; el muy hijo de puta se puso a gritarle a Oli cuando este estaba malito y delirante en el hospital antes de la gran final. ¡¡¡NUNCA SE LO PERDONARÉ!!!) iría repleto de oro a los partidos. Medallones, anillos, pulseras... Sabríamos que es él por las medias, que si no... Y, por supuesto, no sólo pegaría a los del equipo contrario, sino que se liaría a mamporros con sus propios compañeros también.

Pero el que se llevaría todas las ostias, el que tendría ración de collejas todos los días, sería Bruce Harper. Ese chaval... siempre supe que iba a acabar mal. Si ya en la serie hace veinte años se metían con él, imaginad en un mundo de canis. Imaginad a Mark Lenders y Dani Mellow encarándole con el cuero en los pies. Uf. Ese chiquillo unicejo ahí, con las piernas abiertas, esperando a que llegue el escuadrón de la muerte... Después del partido no podría ir a "eshá un tansin" (echar un "dancing", para los profanos de Surmanolandia) de las patadas que le habrían dado hasta el cielo de la boca. Porque obviamente, una vez escuchado el pitido final, no irían al hotel a hablar de sus cositas, no. Cogerían las vespas tuneadas y se meterían todos en la disco más cercana.

No quería mencionarlo, pero lo voy a hacer. Olvidad el amor puro y platónico de Oliver y Patty. Los de hoy día estarían jartitos de follar. Antes del partido, después del partido, durante el partido... Patty habría tenido que tomar la pastilla del día después lo menos diez veces y, por supuesto, le habría puesto los cuernos al bueno de Oli con Julian Ross y Tom Baker más de dos y tres veces. Porque Julian y Tom eran los guapitos de la serie, asumámoslo, lo que hoy día los convertiría en LOS FOLLADORES por excelencia. Que, por cierto, Julian ya no podría meterse tripis por sus consabidos problemas cardíacos. Marihuana forever. Patty llevaría rabillos en los ojos y le diría a sus amigas: "Tíaaaaaaa, que a mi Oli me mola, ave tía? pero que Hulián etá taco de güeno, tía". En fin. Al final Oli se enteraría y diría: "Que yo estoy mu loco, que yo estoy mu loco", y la cosa acabaría con mucha sangre y mucho centro del menor, pero eso son historias desagradables que no quiero mencionar hoy porque es Navidad y todo tiene que ser amor y jamón.

Os dejo con un video que encontré una vez en youtube en homenaje a la mítica serie que a tantos niños nos hacía subirnos de ocho a ocho y media a casa para luego volver a bajar y comentar el capítulo con nuestros amigotes.

viernes 12 de diciembre de 2008

Minutos musicales

Hoy he llegado a casa casi a la hora de comer y, a pesar de haberme mojado porque no llevaba paraguas, me he puesto a grabar después de varios días acatarrado y con el mono de cantar. Minutos musicales.


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Quemas, de Deluxe, adulterada por mí.


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Bienvenido al final, de Deluxe también.


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Que no, a ver si adivinan de quién. Voz rota. Catarrus sumus.

Ruth, Tabo, Carlos y Copenhague

A ninguno de los tres nos han ido bien las cosas últimamente. A ninguno de los tres nos sale la sonrisa así como así. Los tres nos miramos y nos decimos las cosas que nos pasan. Los tres brindamos con Cruzcampo forever y los tres hemos ido cumpliendo años cada vez más rápido. Los tres cruzamos la carretera mirando a los dos lados por si vienen coches, aunque la carretera sea de sentido único. Los tres tenemos las venas repletas de gritos austeros. Austeros porque somos gente educada, que si no... Somos gente refinada, que gozamos de lo cutre como buenos gourmets, que nos gastamos en perfumes caros lo justo y necesario (bueno, Ruth, tú eres un poco pija) y que no vamos por la vida enseñando ombligo.

Así que ya que parece que alguien tiene que decirlo, pues voy a ser yo: ¡¡echadle huevos, coño!!

Siempre nos quedará Copenhague.

N. de la R: haber puesto Irremediablemente cotidiano habría sido tan obvio e irremediablemente cotidiano...



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miércoles 10 de diciembre de 2008

Quinquis de ayer y hoy



Yo me crié en un barrio que era regular nada más. Me refiero a regular en cuestión de seguridad, porque lo que era el barrio en sí me encantaba. Tenía miles de rincones para jugar, jardines por todos lados, descampados... El lado malo era encontrar las jeringuillas en el suelo o lo atractivo que era para los individuos amantes del bien ajeno más conocidos como manguis, choros o choratas. Esa panda de mamones me arrebataron monedas de cien pesetas, balones, rodilleras y todo lo que puedan imaginar cuando yo era un pipiolo indefenso ante ellos, que solían venir en grupos, a menudo eran dos o tres años mayores (con lo que ello implicaba en aquel entonces en lo que a tamaño (¡corporal!) se refería) y, a veces, cabalgaban a lomos de su medio de transporte favorito: la bicicleta preferiblemente oxidada.

Entonces, cuando eras niño y vivías en un barrio como el mío, la modalidad, modus operandi o tipo de choro que venía a robarte se reducía principalmente a tres:

1.-El Carl Lewis. El choro Carl Lewis se caracterizaba, como su propio nombre indica, por su velocidad. Tú, poseedor de un balón de reglamento debidamente desgastado, gozabas de la siguiente panorámica: a tus pies, el mencionado balón; al frente, dos latas de coca-cola aplastadas que hacían las veces de portería (aquello era imaginación y lo demás son tonterías); frente a estas, tu amigo con los brazos extendidos esperando tu chut a puerta; bajo ti, albero puro y duro. De repente aparece un individuo que corre por tu flanco derecho, pasa frente a ti, y continúa corriendo por tu flanco izquierdo. Y ahora, como en las revistas de pasatiempos, busca las siete diferencias. Sólo que en este caso, la diferencia nada más que es una: ya no hay balón. Se ha ido zumbando con Carl Lewis, más concretamente en sus brazos. Y olvídate de cogerlo. Porque, entre que te das cuenta de lo que ha pasado (en este caso, el tiempo de reacción no es el mismo que cuando conduces, que todos sabemos que es de... de.. este... es MUY corto) y que sales corriendo, ya no pillas al nota. El choro Carl Lewis contaba con el elemento velocidad, y él lo sabía.

2.-El estresado. Este ya de entrada llegaba enfadao. Se ponía a tu lado, te cogía del brazo y te gritaba: "¡¡¡Dametoeldineroquellevasotepartolacaraynotereconosenitumare!!!". Tú, chico como eras, y con el enfado que se gastaba el chaval, no le llevabas la contraria y le dabas tus veinte duros. Ea. Ya tenía pa pagar la entrada del piso. El estresado, además, tenía mucho amor propio, porque si osabas decirle que no, se mostraba terriblemente indignado antes de zurrarte, como si le estuvieras negando algo a lo que tenía derecho legítimo e indudable. ¡Vamos, hombre! ¡Con los derechos del choro hemos topado! El choro estresado es el más desagradable de todos, porque te grita en la oreja, te amenaza, te zarandea y se lleva tu dinero. Este me cae mal.

3.-El adulador. Este es un ladrón, pero que te roba el corazón. Porque llegaba y empezaba a echarle piropos a todo lo que llevabas para luego robártelo. Te entraban ganas de decirle: "Toma, tontorrón" con una sonrisita picarona y bobalicona en la cara. "Illoooooo, qué piluco más guapooooooooo, ¿nooooooooo?", te dice, con tono meloso, mientras lo acaricia, para luego, sin más rodeos ni preámbulos, expeler un sobrio: "Dámelo". Ea. ¡Conquistador!

Estos eran los que te abordaban cuando eras chico y en una época que no es esta. Ahora no los puedo comparar debidamente, porque los que me vienen con treinta años no son los mismos que me venían con nueve. Además, los que te vienen con treinta ya no vienen a robarte directamente, sino... a ver si suena la flauta y te tragas su historia. Son, básicamente, dos:

1.-El del autobús. Da igual qué día sea de la semana, a qué estemos de mes o que llueva o haga sol. Este todos los días coge el mismo autobús para el mismo sitio. "Killo, killo, dame un eurito, que tengo que coger el autobús para (lugardedestino)". Lógicamente, ya tienes una talla y un porte que no tenías cuando eras pequeño y le dices un rotundo: "NO", ante lo que normalmente suele, como mucho, mirarte con mala cara o hablar entre dientes, pero no se atreve a más.

2.-El que te cuenta su vida. Este individuo trata de dar pena por todos los medios, con lo que sabes que muy agresivo no es. Te lo suelta todo de carrerilla y suena MUY natural: "Quemehadejaomimujéquemedrogoqueestoyenelparoquenopuedomá conlavidadameuneuro". Está tan acostumbrado a que le digan que no, que si le cortas en medio de la frase, ni la termina y se va. Un encanto.

Quinquis de ayer y hoy. Entrañables, adorables... Que nos cojan bien lejos.

miércoles 3 de diciembre de 2008

Mucho, mucho frío

Ya no es fácil entrar. Ya no lanzo la cuerda. Ya no hay escaleras. Ahora hace frío, mucho frío, y el camino tiene piedras. Ya no regalo la sonrisa así porque sí. Ya no hace calor aquí donde estoy, ya no hay brazos extendidos donde antes había un sofá. Ya no mezo la cuna para que durmáis mejor, ya no. Ya no os pongo un plato de comida así como así. Ahora pienso en mí. Ahora yo soy el protagonista. Y ya está.

lunes 1 de diciembre de 2008

Comer es de cursis



Una de las cosas que más me gustan en esta vida es comer. El pollo frito me vuelve loco, y eso que no tengo nada que ver con Ramoncín. La comida china es ya... Bueno, la comida china es que creo que tiene algo adictivo en la salsa o yo qué sé, porque estaría todo el día comiéndola. ¿Qué hay mejor que un huevo frito con patatas? Sí, vale, DOS huevos fritos con patatas, pero ya me entendéis. Y respecto a postres... Mucho donut, mucha cuña de chocolate... pero donde esté el pan con manteca que se quite todo lo demás. Me hice niño y me llegué a poner gordito comiendo pan con manteca, porque, amigos, EL PAN CON MANTECA RULES.

Pero basta ya de hablar de las cosas que me gustan, que no he venido a esto. He venido precisamente a todo lo contrario. Si comer es una de las cosas que más me gustan en el mundo, los cursis son probablemente la cosa que menos me gusta en esta vida. ¿Por qué? Porque lo destrozan TODO. No le puedes dar nada a un cursi, que enseguida lo rompe. Si no, que se lo digan a los padres de Abraham. O una mujer guapa. Pensad en una mujer guapísima de la muerte... pero cursi. Pierde, pierde. Pues con la comida, igual. Estos cabrones han ideado un lenguaje propio, un registro idiomático especial que hace que a veces se te quiten las ganas de comer. Yo no sé qué orígenes tiene la cursilería, supongo que la nobleza y las antiguas dinastías tienen algo que ver en todo esto, pero yo aprendí desde pequeñito que había que huir de la cursilería o TE DEVORABAN. Es por eso que la infancia se convierte en una especie de prueba de fuego. Si el cursi supera la infancia a pesar de los mamporros que se lleva, es que es un cursi de casta, de origen y de vocación verdadera. Y entonces come. Come todos los días e inventa palabras (principalmente calificativos, que es de lo que vengo a hablar hoy) que NUNCA, JAMÁS, deberían emplearese en el habla cotidiana. Pero lo peor de todo es que los cursis de casta son tan cursis... tan, tan, tan cursis, que extrapolan estos calificativos a campos semánticos distintos al de la comida. Y es entonces cuando ya me entran ganas de matarles.

1.-Exquisito. Vamos a ver. ¿Exquisito qué? ¿No se puede decir muy bueno? O, si lo que pasa es que quieres que el que te escucha sepa que lo que estás comiendo está bueno, pero bueno de verdad, pues di: Bueno de cojones. Pero... ¿¿¿¿¿exquisito????? Hombre, por favor. Y ya la extrapolación es que es para decapitarlos. "En lo que a decoración se refiere, Borja tiene un gusto exquisito". Los muertos de Borja. Borja lo que tiene que hacer es irse un fin de semana a Harlem y verás si vuelve espabilao o no, el puñetero Borja.

2.-Delicioso. Otro como exquisito. Yo no sé cómo tienen tanta inventiva para crear palabras asquerosas, de verdad. Delicioso, delicioso. Oigo esta palabra y me imagino nubes perfumadas. ¡¡¡Anda y que te den, Borja!!!! ¡A ver si comes más pan con manteca!

3.-Sabroso. Pero ¿se puede ser más tonto? En la facultad, la profesora de literatura española de primero de carrera comentó el primer día de clase: "Convendría que trajérais los textos del manual leídos para que podamos mantener sabrosas conversaciones en clase". Ea. Jódela. ¡¡¡¡Sabrosas conversaciones!!!! Pero ¿cómo puede una persona decir tamaña aberración y dormir tranquila por las noches? ¿Esa mujer no tiene hijos?

4.-Churrusco. Ostia puta. Ya no saben qué inventar. ¿Para qué van a decir crujiente, si se puede decir churrusco? Pero es que encima lo modifican y lo ponen en diminutivo, que ya te dan ganas de romperles el horno en la cabeza. "El pan está churrusquito". NO-MERECES-COMER-PAN-NUNCA-MÁS-EN-TU-VIDA.

Y ya me callo, que os juro que me estoy poniendo malo. Y eso que no he hablado de la estética de los cursis comiendo. Porque ya eso de tener un cubierto para cada comida es la polla. Tenedor para el pescado, tenedor para la carne... No tendré yo problemas en mi vida como para encima tener que preocuparme de qué tenedor es para qué. ¿Y los catadores de vino? ¿Cómo mueven la copa y cómo paladean el líquido? A una mina los llevaba yo a trabajar.

En fin. Concluyo aquí mi charla sobre los cursis y sobre el pan con manteca, esperando que hayáis tomado buena nota (que diría Lopera) y que nunca jamás os convirtáis en uno de ellos, y que si algún día os invitan a cenar y tenéis que entrar en su círculo por compromiso, tengáis el detalle al menos de eructar al final del banquete. Que para algo es de buena educación entre los árabes.