miércoles, 30 de septiembre de 2009

Esta la acabo, esta la acabo


"Practico la gimnasia sueca con la
mano hueca"

Sí, señor. Todos recordamos el chiste del tío pajillero y el Reflex y el famoso: "¡¡Esta la acabo, esta la acabo!!". Lo que ninguno imaginábamos es que esta historia podía llegar a hacerse realidad, aunque en otros términos y en otro contexto.

Situémonos. Alemania, año 2009, o sea, el presente en el que venimos viviendo; ese de la gripe A -que por cierto no sé si ahora tengo o no, sólo sé que todo yo soy un moco informe y goteante- y de la crisis económica y...



... del señor Camps y etc etc.

Pues eso. Un conductor alemán vuelca su camión enmedio de una carretera por distracción patente y evidente. Llega la Policienfunken, policía alemana, y le detiene porque al parecer el tipo ha tomado algo de drogas. Pero este no es el motivo del accidente, no. Al menos no el primordial. Resulta que el amigo germano iba dándole a la zambomba mientras conducía el pesado vehículo de grandes ruedas.

Hasta aquí todo normal. Más o menos.

Lo extraordinario ocurre luego, en el pertinente interrogatorio policíaco. Que te corten una pajilla, por muy accidente de tráfico que sea, es una putada, sí señor, y los alemanes son muy de acabar las cosas. Así que el amigo, al que vamos a llamar mr. Pajotenglaguen, decidió que él terminaba aquello sí o sí, así que, ni corto ni perezoso, se sacó el tema y continuó con sus labores mientras los policías le interrogaban. ¡¡¡SÍ SEÑOR!!! ¡¡¡Ahí, con dos cojones!!! Que la policía me está preguntando pa empapelarme... a mí plin, yo esta la acabo porque sí, porque yo lo valgo y punto y finá.

Espero que los policías llevaran Kleenex...

Y luego vendrá el marica de Peter Pan con su eterna juventud y Neverland y no sé qué mariconadas más. ESTO es vivir en una eterna adolescencia y lo demás son MINUCIAS.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Amigo, tienes un problema

Cuando te ocurre esto, es que tienes un problema estético grave. La sinceridad de los niños, ya se sabe...

lunes, 21 de septiembre de 2009

Demostraciones empíricas de ayer y hoy



Hoy vengo dispuesto a ser muy crítico; a eso y a hablar de la relación que existe entre un niño pequeño, el tiempo y la palabra puto. En un principio puede parecer que estas tres realidades, una física -el niño pequeño- y dos conceptuales -el tiempo y la palabra puto- no tienen nada que ver. Pero una tarde de estudio y unos niños armando jaleo en el patio de un bloque de vecinos dan para mucho más de lo que se pueda pensar, y hace un par de tardes, a falta de la concentración -y las narices, por no decir huevos, que quiero empezar a hablar bien- necesaria para llevar a cabo dicha labor, y con los ruidos de los "angelitos" de fondo armando escándalo, desarrollé toda una teoría sobre la estrecha y cercana relación que existe entre, como digo, estos tres términos.

Me explico.

El cerebro es muy listo, sí señó, y posee un mecanismo complejo capaz de transformar una realidad aparentemente objetiva dentro del fuero interno -o lo que viene siendo el yo de cada uno- en cuestión de minutos de manera alucinante. ¿Y qué quiero decir con esto?

Me vuelvo a explicar.

Cojamos a un niño pequeño. Realidad = niño. Lo vemos. El cerebro empieza a maquinar. Primer pensamiento que nos puede o podría venir a la cabeza: Ay, qué cosita más linda -léase con tono meloso, por favor-. La "cosita" nos puede llegar a parecer tan sumamente linda que llegamos a articular sonidos extraños, faltos y carentes de significado y sentido. Por ejemplo: pu, pu, puuuu. Auuuu, auuuuu. Iuuuuuuuuuuuuh. Angooooooo, angooooooooo. Tatatatatata. Ni sujeto ni predicado. Sucesión de sonidos ilógicos.

Pero aquí llega el quid de la cuestión. El tiempo comienza a pasar. El niño empieza a hacer ruidos. Que si buaaaa, que si esto, que si lo otro... Y si el niño tiene una edad en que ya habla, dice palabras y grita, peor todavía. Es entonces cuando empieza el proceso mental de transformación de la realidad del que os he hablado. Es entonces cuando Ay, qué cosita más linda empieza a transformarse hasta llegar a ser... Pero no quiero adelantar acontecimientos, porque he elaborado un complejo gráfico que intenta detallar milimétricamente dicha metamorfosis. Es un esquema que refleja el proceso mental tal cual, según el tiempo, sean segundos o minutos, va pasando. Imagine el lector que llegan a su casa unos invitados que ya han procreado, y, por lo tanto, tienen un niño pequeño.

N. de la R: el nivel de irritación es mayor cuanto mayor sea el número de hijos procreados; esto es, a más hijos de invitados, más irritación.

Pues bien. El gráfico mental del anfitrión -o persona que estudia con ventana con miras al patio, que es caso que me ocupó la otra tarde- es el siguiente:

Segundo cero: Ay, qué cosita más linda. Si es que es pa comérselo. Mira cómo corre. A la criatura le gusta gritar, ¿eh? Que no se suba ahí. ¡Que no se suba a ahí! Joé, si parece que está hueco. ¿De dónde saca esos pulmones? El niño este ya me está poniendo nervioso. ¿Sus padres no le han educado o qué? Verás. Veeeeeeeerás. ¡¡¡Verás con el niño!!! Uy, como se acerque ahí... ¡¡¡uy, como lo toque!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡PUTO NIÑO...!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Demostrado. Al final siempre acaba apareciendo la palabra puto cuando se trata de un niño. Sé que hay amantes de los niños, los comprendo. Bueno, los respeto más que nada; comprenderlos no los comprendo mucho, igual que a los amantes de los perros (pero eso es una historia ya contada). Aunque ante todo y sobre todo, LOS ADMIRO, porque hay que tener nervios de acero y un auto-control sobre el estrés personal que yo, lo siento, pero no lo tengo.

Amigos/as del mundo. Dejad de procrear ya, hombre, que no puedo estudiar tranquilo.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Ratas de biblioteca



A mis treinta y un años, quién me lo iba a decir, he vuelto a convertirme en una rata de biblioteca. Bueno, para qué voy a engañar a nadie... Más bien pretendo serlo por primera vez en mi vida, ya que no he conocido más camareros y más variedades de café de máquina que en mis años de estudiante. Llegaba, soltaba los libros, y me iba a la cafetería toda la mañana. Que, por cierto, el otro día me enteré de que si tardas más de media hora en volver, pierdes el derecho al sitio que has cogido. Curioso. Algún dios griego debió protegerme en mi veintena -se llamaría Bibliotekós o algo así- porque jamás me fue arrebatada mi sillita de plástico.

Pero vamos a lo que vamos, que me descentro. ¿Por qué cuento todo esto? Pues porque en el tiempo que llevo estudiando -o intentando estudiar-, he podido captar claramente y a la perfección que la fauna que allí se congrega a mi lado no es homogénea como cualquiera podría pensar; ni mucho menos. Son seres curiosos y extraños que responden a una tipología que me he tomado la molestia de desmenuzar para vosotros, amados lectores (ya sé que hablo solo, no pasa nada, lo tengo asumido, no tengo lectores, vale, no hace falta que nadie diga nada, y sí, antes sí los tenía -ver comentarios de entradas antiguas- y ya no, ya lo sé, vale). Y dicha tipología es la siguiente:

(N. de la R: la denominación de origen empleada en el presente escrito, léase, rata, no pretende bajo ningún concepto ser ofensiva; bueno, un poco a lo mejor).

1.-Rata-tipo number one: el rata-tipo number one es el que vamos a denominar como El dormido. El dormido sufre un empalme cerebral parecido al que padecía Eduardo Noriega en la magnífica Abre los ojos de Amenábar (que espero que hayáis visto porque si no, os he jodido la película). Es decir, para su cabeza no hay solución de continuidad entre el momento en el que estaba en su camita acurrucadito y hundido en su almohadita y el instante en el que está sentado en la silla de la biblioteca. Para su mente, no se ha levantado, no ha desayunado, no se ha duchado (si es que se ducha)... Él continúa durmiendo como lo hacía en su propio hogar. Da paz interior verle... "estudiar".

2.-Rata-tipo number two. El caliente: el caliente llega a la biblioteca con fuego en el cuerpo. O en la entrepierna. Para él el estudio, objetivo primero cuando puso su primer pie en la primera loseta del bendito edificio, queda relegado a un segundo plano en pos de regalar su vista con las múltiples hembras que allí moran o habitan circunstancialmente. Frases como Estás más caliente que el horno de Arguiñano o Estás más salido que un mono hinchado a tauritones acuden a la cabeza de quien observa a la rata-tipo number two.

3.-Rata-tipo number three. El hipnotizador: he de aclarar que el rata-tipo number three y el rata-tipo number four, que será explicado en el number four como su propio nombre indica y como debe ser, tienen mucho en común; es más, son variantes de un mismo rata-tipo. El hipnotizador tampoco estudia. Sólo te mira. Te mira a ti, no sabes por qué; no sabes qué maldita razón esgrime para SÓLO mirarte a ti con todo el mundo que hay en la biblioteca, pero es así. Te mira, te mira y no te suelta. Te entran ganas de decirle: "¿Tengo monos en la cara?". Pero como sabes que nunca te va a responder: "Sí", y con ello te va a dar el placer de contestarle: "Pues súbete, que los colecciono", desistes de hacerlo. Y no te mira normal. Te mira serio, contundente, con los ojos incluso entrecerrados a veces, como... hipnotizándote. Y hablando de empalmar, empalmemos, pues, con el siguiente tipo.

4.-Rata-tipo number four. El enamorao: este parece que te ama profundamente. Te mira hasta con ternura. Te mira con tanta ternura que te hace hasta dudar de tu sexualidad. A punto estás más de una vez de decirle: "Bésame, tonto". Es, como digo, parecido al rata 3, pero más tierno.

5.-Rata tipo number five. El estudiante fantasma o "La sombra". A este le tengo mucho cariño. Llega, suelta las cosas, se va, y no vuelve a aparecer. Se convierte en un recuerdo, algo que viste una vez. Más bonito...

Y, amigos, para el sexto y último tipo, quiero especial atención. Es el más absurdo, el más ceporro, el más... No sé cómo definirlo. Es una especie no muy común de rata-tipo. Es...

6.-Rata-tipo number six. El gilipollas que va a una biblioteca para fijarse en los demás y escribir gilipolleces en su blog. Adorable...

Y sin más me despido. La entrada de hoy me ha salido larga, pero como llevaba tanto tiempo sin escribir... pues valga por las largas semanas de ausencia. Me voy a estudiar un poco, ¿no?