
Me gusta que mi blog sea estúpido. Me gusta escribir gilipolleces a veces sin sentido sólo para entretenerme y divertirme. No busco en mi blog -salvo algunas excepciones en las que me pongo tontorrón- reflejar frases profundas, poesía barata o sentimientos que son míos y a nadie le importan -repito, a veces lo he hecho y a veces lo haré, pero serán las menos-. Mi blog es un blog, como su propio título indica, de poca calidad y mucha prepotencia. Y quiero que siga siendo así.
Pero a veces uno encuentra cosas que le hacen salirse del renglón, colorear fuera de la línea y crear la excepción que confirme la regla.
Hoy no vengo de broma.
Hoy estoy enfadado.
Hay tontos a los que no hay que darles un lápiz, porque entonces la lían. Hay tontos que deberían llevar bozal, tontos que hacen que el concepto de libertad de expresión, que tan como dado por hecho debería ser tenido, se tambalee, porque, a veces, los tontos no saben hacer otra cosa que decir tonterías.
El señor Ricardo Benjumea ha encontrado un lápiz. Y ha escrito en su semanario católico de información Alfa y Omega, del cual es redactor jefe, un artículo titulado La violación, ¿fuera del Código Penal?, en el que, entre otras, ha manifestado cosas como las siguientes:
1.- "Reducido el sexo a simple entretenimiento, ¿qué sentido tiene mantener la violación en el Código Penal?".
2.-"Me pregunto si la violación no debería equipararse a otras formas de agresión, como si, por ejemplo, obligáramos a alguien a divertirse durante unos minutos".
3.- "Cuando se banaliza el sexo, se disocia la procreación y se desvincula del matrimonio, deja de tener sentido la consideración de la violación como delito penal".
La Iglesia. Siempre la Iglesia... No creo que haga falta hacer más comentarios al respecto.
Lo que realmente me indigna es que las televisiones y las radios han repletado minutos de programas y días de programación con largas e interminables disquisiciones sobre el abucheo de vascos y catalanes al himno de España en la final de la Copa del Rey, cosa que a mí personalmente me la repampimfla. Y de esto, ni mu.
Cada día me siento más orgulloso del país en el que vivo.



