De pequeño me ponía el pijama, unos calcetines blancos de estos gordotes de deportes y las babuchas (yo me imaginaba que las babuchas eran los zapatos negros). Cogía todas las pinzas de tender que podía y las iba colgando por el pijama y para mí eran cremalleras. Admiraba a este hombre, como casi todos los niños de los años ochenta. Incluso aprendí a bailar un poco como él.
Luego crecí y se fue la admiración, y hasta el interés por su música (me quedé en el Dangerous; luego ya no sé ni qué ha hecho).
Personalmente creo que el pobre ha debido tener una vida muy triste, por mucho dinero que tuviera. Pero lo desconozco. Eso sólo él lo podía saber; quizá era el tío más feliz del mundo.
Una señora llamada Britta Osthaus se ha empeñado en demostrar que los gatos son más tontos que el del turrón del Almendro, que hace la mili todos los años. Yo si fuera gato estaría indignado, la verdad. Hombre, ya de entrada el apellido de la señora, Osthaus, muy bien no suena. Comprúebese, por favor, en qué contexto queda más armónico el mismo:
EJEMPLO NÚMERO 1: Es adorable y caritativa; Osthaus siempre tiene un poco de pan para los pobres.
EJEMPLO NÚMERO 2: La muy bruja hija de puta de Osthaus echó a los niños del jardín a escobazos.
No sé a vosotros, pero a mí me pega más el ejemplo dos.
Pues bien, como digo, esta mujer estaría aburrida o algo y se dijo a sí misma: "Pues voy a hundir a los gatos", y, ala, experimento científico que te crió con unos alimentos y unas cuerdecitas que no he entendido muy bien en qué consistía, porque o mi intelegencia es como la de los gatos, o sea, nula según dicho experimento, o el periodista que narra la noticia se explica peor que Leticia Sabater dando una conferencia sobre el cambio climático. El caso es que la buena mujer no se limitó a demostrar que a los gatos les falta un hervor, no; la muy sádica insaciable no tenía suficiente con eso. Encima se dedicó a compararlos con los perros, y claro, ganaron los canes. Eso sí que es un golpe bajo para los pobres mininos, perder contra sus eternos rivales, unos bichos peludos cuya mayor afición es lamerse los huevos. ¿Hay humillación mayor? Eso es como si Bustamanete me ganase a un pulso, vaya. Ya puedo buscar un país donde nadie me conozca para emigrar.
En fin, señora. Deje usted a los gatos, hombre, por dios, que no le han hecho nada. Y gaste el dinero público en cosas más productivas, joé. Que no pagamos impuestos para esto.
POSTDATA: Como últimamente ando un poco salido (ver entrada anterior), ¿qué mejor foto que la de un gato en una teta? He dicho.
Hoy vengo a hablar de la masturbación, eso que hacéis todos menos yo, y de su relación hormonal con Internex (más conocido como Internet). Y es que hoy me he dado cuenta de que nací en el momento histórico equivocado.
Cuando un servidor era adolescente no había Internet. Y claro, yo ahora, que inocentemente tecleo "bizcocho" y me salen doscientas mil entradas de tías en bolas, relacionando tan grato postre con expresiones tales como "bizcochitos calientes", "quiero comerte el bizcochito" o "El día que el bizco encontró un chocho rasuradito", pues ME INDIGNO, porque cuando yo estaba en la pubertad y tenía las hormonas desatadas y parecía un mono viudo NO TENÍA LOS RECURSOS QUE TIENEN LOS PUTOS NIÑOS ESTOS HOY DÍA. ¡¡¡¡Y eso no es justo!!! Yo jugaba al Spectrum, con jueguecitos en los que el protagonista era un palito con patas, y ellos ahora tienen unos gráficos que te cagas, con mundos en tres dimensiones, sonido ultrasorrounded o lo que cojones sea y Lara Croft. Vale, eso lo acepto. Pero lo que no acepto, de ninguna de las maneras, es que ellos tengan ahí tantas mujeres desnudas ¡¡¡cuando uno tenía que comprarse el Marca pa esconder la revista entre las páginas!!!! Que mira que odio el Marca, ¿eh? Pero claro, todavía no había tampoco el Estadio Deportivo -diario que, a la postre, también acabé odiando porque trabajé para él y vaya cómo me explotaron a una miseria de sueldo-. Pero bueno, ese no es el tema.
Y digo yo. ¿Vosotros, llegado el caso de ser invitados a una casa donde tienen a un adolescente, os sentaríais en la silla del ordenador? PORQUE YO NO. Si esos chiquillos a esas edades están todo el día dándole a la zambomba, la virgen. La de cosas que habrá visto y sentido ese asiento. No, no. Yo tecleo de pie y con guantes. Ya se comenta por ahí que hay púberes que están intentado convencer a los padres de que pongan cerrojo en el cuarto del ordenador bajo la excusa de que les da vergüenza que les sorprendan jugando al Fifa. Al Fifa, sí. Al fifa, fifa, fifa, fifa, a eso es a lo que tú juegas (entiéndase esto último como construcción onomatopéyica).
En fin, que los niñatos estos, todo el día quejándose, todo el día que si soy un desgraciao, que mi vida no tiene sentido, que si no sé qué, que si no sé cuánto... Y no saben lo que hemos sufrido otros para atravesar el desierto hormonal ese que están atravesando ellos ahora. Ay, si los cuartos de baño de los años ochenta hablaran...
Pues que hay anuncios que tocan los cojones. Después de años de ardua investigación basada en no hacer nada y encender la radio, he llegado a la conclusión de que los publicistas no sólo buscan el impacto en el oyente mediante técnicas de lo más ocurrentes dirigidas a captar su atención con algo gracioso y divertido, sino que también usan la técnica inversa: tocar las narices. De esto saben mucho, por ejemplo, en antena 3 -ADORO ese canal-. Cada vez que estrenan una serie de estas cutres de producción propia de las suyas que ellos se creen que son la polla marinera, te joden los Simpson poniendo cada veinte segundos al protagonista de la serie, reducido a tamaño Pulgarcito, paseándose como Pedro por su casa en la parte baja de la pantalla, hasta que ya, más que ganas de ver la serie -que ya de por sí sería un milagro sentir tal cosa-, te entran ganas de descuartizar violentamente y con sarna al maldito protagonista de la malditísima serie.
O, sin ir más lejos, ¿quién no recuerda el anuncio de Catalana Occidente, con su adorable niña de "mi papá me lo arregla toro, toro y toro". Niña, tu papá lo que tenía que haber arreglado es el condón que se le rompió el día que te engendró, ya que es tan manitas. ¿A quién no le molestaba ese anuncio? ¿Eh? ¿Y qué consiguieron? Pues, por ejemplo, que yo, hoy, no sé cuántos años después, esté aquí hablando de Catalana Occidente y de su santísima puta madre.
Pues bien. Últimamente hay un anuncio que me pone de los nervios casi tanto -u más- que el de la niña de los tirabuzones. Además es un anuncio que lleva ya 3 años siendo emitido; es decir, que si no tuvieron suficiente con tocar los huevos en el año 2007, pues decidieron repetir como con las natillas en el 2008 y 2009 -y veremos cuántos más-. Es el anuncio del sorteo de San Juan de la ONCE. Estos cabrones cogen una canción infantil y ponen a unas muchachas que estoy seguro de que en la vida real son unas bellísimas personas, pero que si me remitiera estrictamente al ámbito del puto anuncio me entrarían -que de hecho, me entran- ganas de asesinarlas, y, con la voz más melosa, pedante y asquerosa del mundo, cantan la cancioncilla del demonio. Y eso TODAS LAS MAÑANAS bien tempranito. Pero ¿qué ocurre? Que no empiezan a emitir el anuncio 3 días antes de la noche de San Juan, nooooooooooooooooooooo. ¿Pa qué, si así no molestarían tanto? Como en todo, empiezan el bombardeo meses antes. Vaya, que estás guardando todavía el belén en el armario y ya están las cabronas estas con el "aserrín, aserrán...". ME CAGO EN TUS MUERTOS. ¡¡¡Y así tres años ya!!!
Como soy tan generoso y documentado, os voy a ofrecer la versión televisiva de dicho anuncio, aunque aquí acortan -y de hecho, casi ni se oye, porque está el amigo hablando- la parte vomitiva en cuestión, que es la del semisusurro ese baboso asqueroso. En la radio se hace interminable.
Españoles del mundo. Comprad el puto cupón ya de una vez, por dios, y que dejen ya de emitir el anuncio este, que si no yo acabo mu loco. ¡Mu loco!
Sientes que pierdes el cielo a bocados, y puede dolerte si no andas de lado.
Y todo se derrumba a tu alrededor. Y sientes que has bajado para nada...
Aceptas la suerte sin darles la espalda. Despiertas y adviertes que todo ha cambiado.
Y nada te divierte de repente. Y sientes que has tragado demasiado.
Trampas y rampas que sólo te arrastran. Y asumes que siempre mordiste el anzuelo.
Y nada te parece tan real. Y sólo estás bien si estás dormido.
No te vuelvas a perder. Ya jamás te morderá.
Y aquí no está todo dicho. Tal vez sólo fue un capricho del destino...
Cuando la sinceridad se convierte en una utopía, es momento de coger los bártulos y largarse. Siempre nos quedará el "qué tal" y el "tal vez". Siempre los usaremos para driblar. Siempre habrá quien te vuelva a sacar una invitación a una cerveza.
Porque hay tanta falta de sinceridad como cucarachas en el contenedor del barrio.
Ayer por la noche cogí un taxi. No suelo coger muchos, pero ayer tuve que subirme a uno por no hacer esperar a unos amigos. No sé si alguien ha visto un corto en el que un individuo subido a un camión parado en medio de un atasco empieza a piropear elegantemente a una jovencita y acaba embruteciéndose de tal manera que termina soltando por esa boquita de todo menos "bonita". Bueno, pues lo de ayer con este taxista fue algo parecido, y, para mi diversión, pude comprobar cómo un señor con voz aguardientosa que rondaría los sesenta años puede empezar hablando del cambio climático y acabar más caliente que una burra en celo.
El esquema fue más o menos así:
1.-Conversación sobre el calor extremo que está haciendo estos días en Sevilla.
2.-Cambio climático.
3.-Lo bien que sienta un (o diez) tintito(s) fresquito(s) con esta "caló"
El hombre iba entusiasmándose y cogiendo confianza conforme pasaban los minutos.
Hasta que llegó el momento clave.
Callejón estrecho de sentido único. Tres muchachitas con minifaldas que caminan en sentido contrario al nuestro. El taxista las mira. Y la conversación toma esta dimensión.
Taxista: ¡Ojú, ío! ¡Qué güenas están las shavalitas en verano!
Yo: Y en invierno también, ¿no?
Taxista: No, no. Pero en verano van más ligeritas de ropa (voz aguardientosa Y obscena).
Yo: Pues ya si van desnudas... (qué me gusta tirarle de la lengua)
Taxista: No, no, no. A mí me gustan con un poco de ropa. Lo otro es demasiao explícito. Que sugieran, que sugieran.
Silencio. Ahora viene la bomba.
Taxista: Uf, las medias. Qué me gusta quitarles las medias así poco a poco. Pero que huelan a carne, que huelan a carne.
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¿¿¿¿¿¿¿????????!!!!!!!!!!!!!!!
Este hombre se quema el pito en una barbacoa.
Ea, pues para que lo sepáis. Que podéis ir en un taxi y empezar pensando que el conductor es un ser altamente implicado en el tema social y preocupado por el cambio climático y el calentamiento global del planeta y acabar convencidos de que es un salido que se hace más pajas que un mono viudo.
Me empiezan a salir arrugas. Lógico, tengo treinta y un tacos ya. Siempre me han echado menos años, pero eso no va a durar siempre, ¿no?
Y me duele la garganta. Uuuuuuuh. Algo va mal. Algo no va bien, no. Esto está siendo más duro de lo que pensé ante el señor otorrino. Mucho más duro. La tengo seca (la garganta), me duele al tragar un poco, no me sale la voz... y el jueves, haga lo que haga, me voy a sentir mal. Si sí, me sentiré mal porque la conciencia me va a dar porculo. Si no, me voy a sentir mal porque, qué cojones, vaya oportunidad perdida. ¿Es esto normal? Pues así llevo tres meses. Me están saliendo arrugas...
El otro día saqué la sonrisa del tapperware. Pero duró tan poco... Enseguida me levanté y comprobé que todo seguía afónico.
Bueno. Por lo menos sé cocinar...
Y el insomnio. ¡Horror! ¡Ha vuelto! Si será cabrón... Vueltas y vueltas, sin párpados, un perfil, otro perfil, un perfil, otro perfil... hasta que sólo ves ira. Porque no te duermes, porque estas no son horas para estar despierto, porque qué cojones hago yo ahora. ¿Me levanto? ¿Me quedo en la cama? Uf, por la mañana lo voy a pagar caro. Los zombies van a tener buena cara comparados conmigo. Maldito insomnio afónico...
Y yo cada vez tengo más arrugas y digo menos gilipolleces...
Amigos víctimas de la soledad y el desasosiego: vuestros días de penuria han acabado. Desalojad de vuestras torturadas mentes la idea de comprar un perrillo que os haga compañía y al que poder hablar aun a sabiendas de que no entiende ni papa de lo que le decís -aunque, como ya dije en una entrada anterior, hay quien piensa que sí (muajajá)-, porque ha llegado la solución definitiva.
Hacéos de Vodafone.
En serio, no estoy de coña. Hacéos de Vodafone y estaréis todo el día acompañados. Ahora, eso sí: tened un enchufe a mano, porque vais a tener que estar cargando la batería cada dos horas. ¿Por qué? Porque EN VODAFONE TE QUIEREN Y TE LLAMAN PARA DEMOSTRÁRTELO TANTAS VECES COMO HAGA FALTA. Pero no te quieren en plan: "Ay, qué te quiero, cosita". No, no. Te quieren en plan "Teamotequieroteadoronopuedovivirsinti... y voy a estar llamándote todo el día sin solución de continuidad y te voy a mandar mil mensajes y te vas a cagar con las patas pabajo porque jamás en tu vida concebirá tu mente que alguien pueda ser tan pesao como pa llamarte tantas veces y mandarte tantos mensajes y no te creas que te vas a escapar, so iluso, porque te voy a perseguir y no voy a dejar de llamarte llueva, truene o haga sol, y sea lunes, sábado o domingo, así que lo vas a flipar porque vas a estar todo el día acompañado por mí y te jodes porque para eso has firmado un contrato conmigo así que a callar y punto, merluzo, no haber firmado, así que me da igual que no cojas el teléfono, yo te voy a estar llamando hasta que te preguntes por qué cojones tus padres echaron un quiqui un día y tuviste que nacer, que todo lo bueno que te ha pasado no merece la pena como para soportar tantas llamadas mías, que te deje ya en paz y bla, bla, pero entérate de una vez, NO-TE-VOY-A-DEJAR".
Han sido unos días un poco malos, así que, cuando pintan bastos, uno tiene que buscar motivos para reír. Y él SIEMPRE está ahí. Ya sé que vengo de reciclaje, que lo usé en mi blog antiguo... pero es que Margarida es mucho Margarida. Para quien no lo recuerde o quien no lo sepa, este individuo es de verdad, no está actuando, fue arbitro en la liga brasileña, aunque desgraciadamente ya se retiró -el tiempo no pasa en balde-.
Pero siempre nos quedarán los videos y el recuerdo. Muy grande, Margarida. Tú eres MUY GRANDE.
Llega un momento en que uno tiene que pegar un volantazo y dar un giro o se estrella.
Hoy he tomado una decisión. No sé si son las cervicales y el dolor de cuello que me tienen un poco mareado -y es por eso que voy a dejar reposar mi decisión unas horas antes de llevarla a cabo, y no ser tan impulsivo como de costumbre- o es que realmente ha llegado ese punto de inflexión que uno tiene que tomar porque sí, porque si no, no se llega a ningún lado.
La cosa no va bien. Tenía muchísima ilusión porque me veía la voz recuperada -o recuperándose-, pero la cosa no va bien. Y lo que más duele, lo que más jode, es que posiblemente la culpa es mía y sólo mía.
He sido un insensato.
El caso es que tengo que alejarme totalmente de la música, porque mientras siga ahí, mientras me siga escuchando, mientras siga viendo fotos... no voy a ser capaz de desvincularme. Porque me llama, me llama, y no deja de llamarme, y tengo que dejar de oírla. Por eso he tomado la decisión de cerrar el myspace, cerrar la cuenta de youtube y decir "bueno, ya volveré y ya me escucharé, pero ahora no". Mientras estén ahí... uf.
Tampoco quiero ir a más conciertos de estos de coleguitas. Porque veo un micro y una guitarra y me llevan los demonios. No sé si soy un cobarde o un capullo, pero es lo que he decidido. Tampoco creo que le importe a nadie, pero yo qué sé; están siendo días jodidos, por muchos motivos -aquí sólo expongo el más público, porque los privados para mí se quedan-, y es lo que he decidido y ya está.
En fin.
Volveré a publicar, pero la próxima vez gilipolleces, como siempre.
Eso es lo que deben decir en la Dirección General de Tráfico, seres estos que la componen a los que les debe brillar el símbolo del dollar y colgar hilillos de baba cada vez que se topan con situaciones como la acaecida el día -ahora es cuando yo pondría la fecha exacta del suceso si esto fuera un blog serio y competente, pero, como no lo es, voy a poner la que me dé la gana- 26 de mayo del presente año (ea).
Sí, señor, porque estos, si pueden rascar unos eurillos, los rascan. Coño, como la SGAE, que para eso estamos. Aquí quien no corre vuela, y mariconadas, las mínimas. El dinero es el dinero, y si eres bombero y tienes que apagar un fuego, te jodes. Que hay una persona en riesgo de muerte... ah, se siente. No haber corrido tanto, que si no se ha muerto el accidentado en el momento del siniestro, no será tan grave. Que espere, coño, que además seguro que está tumbadito y con el airbag así puestecico en forma de almohadita tullida. Los huevos ya, hombre. Aquí pone que no corras a más de cien kilómetros por hora y por mis cojones reglamentarios que TÚ NO CORRES A MÁS DE CIEN KILÓMETROS POR HORA, se esté quemando el bosque, se haya dejao los cuernos en la carretera el rey de España o esté Bin Laden encendiendo un petardo en la azotea del Empire State.
Y es que el pobre Juan de Dios Muñoz, sargento del parque de bomberos de Requena, ha sido multado por la DGT por exceso de velocidad cuando se dirigía a prestar auxilio por un accidente de un tráiler que había volcado en la carretera de Macastre (todo esto está por Valencia), con una persona atrapada, y que estaba provocando un incendio junto a la cuneta. Al hombre, con esto de la urgencia por salvar una vida, pues se ve que le dio por acelerar y encender su lucecita oficial que indica que está de servicio, pero la DGT se ha pasado todo esto por el forro y le ha enviado la correspondiente sanción, por supuesto. Que cien euros son cien euros, coño, y estamos en crisis. Así que nada. A pagar y calladito.
A la DGT le vamos a venir con mariconadas... PD: en acto de protesta por el hecho de que los bomberos nos quitan las mujeres, yo pongo una foto de una tía buenorra, que para eso es mi blog.