viernes 31 de octubre de 2008

El desfibrilador

Me preguntan por qué hablo. Me preguntan por qué miro, por qué escribo, si ya está todo cerrado y no quedan curvas que coger. Si los peleteros vendieron hace tiempo la mercancía y está todo dicho. Me preguntan por qué sonrío, si está nublado y llueven mares. Me preguntan por qué tengo brazos, si ya encaja en otro molde, si las palabras se quedaron cortas hace tiempo y las frases son imposibles y además no quedan bien en la partitura. Me preguntan por qué camino, si la tierra es tan alta que las rodillas se maquillan con su polvo e impiden avanzar. Por qué respiro, si al hacerlo sólo inhalo sentencias dogmáticas que antes usaba para envolver el pescado. Por qué absorbo el café, si los granos aún se pasean a sus anchas por una taza que no me habla, que no me tiene que hablar, porque me recuerda tus muros, tus piedras, tus siestas prolongadas bajo la promesa de una tarde mejor de copas, olas, arena y cigarrillos adornados por el elegante cannabis. Me pregunto yo por qué me río, si el chiste hace tiempo que dejó de tener gracia, si la corte ya no existe y no reclama un bufón que le divierta con sus tintineos y sus estupideces. Por qué tiento a oscuras, por qué escondo cartas que aún no he escrito, por qué piso el acelerador, por qué rasgueo una guitarra castigada por el frío, por qué salto peldaños que debería haber pisado, más si el suelo está resbaladizo. Me pregunto por qué, una y otra vez; por qué, por qué, por qué.

Pues porque te quiero, qué cojones.


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miércoles 29 de octubre de 2008

Hoy

Hoy es uno de esos días. Uno de esos días en que todo te sale mal, en que nada parece estar en su sitio. Hoy es uno de esos días en que hasta tu guitarra parece estar enfadada contigo y tu garganta no responde a la llamada de la selva. Hoy no es ayer, ni es mañana, es hoy y es un día malo. Hoy es uno de esos días en que necesitas que suene el teléfono y no suena. Uno en que abres un libro y apenas lo has hecho y ya se ha cerrado, en que la música parece que no va contigo y las luces te molestan encendidas y te faltan apagadas. Hoy es un día que quieres que sea ya ayer. Hoy es un día en que te pones a cantar y te sale esto:


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Sólo tristeza...

martes 28 de octubre de 2008

Porque la fe mueve montañas

Abriremos los grilletes y empujaremos la cuesta, y al final no parecerá tan empinada. Todo lo que importa parecerá importante; todo lo que no, dejará de serlo. Encontraremos el difuminador y lograremos sombrear los dibujos que estaban cerrados en una habitación con forma de vientre y llena de aire viciado. Aprenderemos a llorar, aprenderemos a sufrir, aprenderemos a cantar canciones tristes, pero sabremos que la sombra que acompañaba a los balcones ya no nos aplasta, porque habremos adquirido el valor para cerrarlos. Y entonces llegará la calma, esa de la que hablan los libros, esa que nunca conocimos porque no quiso plantarse frente a nosotros, y sentiremos la confianza para tutearla sin inseguridad. Miraremos a los ojos, veremos los nuestros reflejados, y ya no habrá tristeza en ellos, porque al final habremos logrado llegar a buen puerto con el equipaje intacto y una vida por vivir. Saquearemos las cantinas, beberemos el ron, porque nosotros los valemos y porque nos lo merecemos, porque podemos y porque queremos, y porque habremos sido capaces de manejar las opciones, que se llamarán opciones, y nunca más necesidades. Y con todo, aún nos quedará un segundo para mirar atrás, y saber con una sonrisa que todo fue una tormenta, que el nubarrón se marchó, y que, libres de espinas, ya nunca más seremos nuevos en Tierra Hostil.


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domingo 26 de octubre de 2008

Diario de un pirado

Tengo una manga rota y tres botones colgando. El suelo flota sobre mi cabeza y el sabor del jachís adormece mis pasiones. La vida es vida mientras no se demuestre lo contrario, y el juez no está para atender mis llamadas. Parpadea el despertador y las cenizas adolecen de sentido del humor; eso siempre lo supimos. La lucha nunca supo acometer las embestidas del boxeador, el juego de cintura sobreactuó ante golpes esquivados en actos reflejos. El paladar alimenta mil consejos; sed bienvenidos a la casa del hombre que coteja, donde los abrazos se esconden por las esquinas y saltan como una alarma cuando llueve dentro. Así se hace, así no se hace; hijo de puta concentrado en ser muy cerdo. Aquí no se gasta tanto dinero.

Y vuela el tiempo. Colecciono años y me faltan segundos. Camino sobre el tobogán, mi boca tiene parachoques. Me clavan dientes y yo sigo masticando confetti. No me gustan las luces de colores, los nudos de corbata ni el café manchado. No lloro, nunca lloro, casi lo hago, pero luego, al final, no. Prefiero el mar a la piscina, y espero sin sentarme y, cuando llegas, lo mismo voy y me siento. Tengo la convicción moral de que voy a acabar mal, pero eso no me hace dudar; me planto frente a ti y no me achanto. Y a veces canto por costumbre, otras por educación. Así va pasando el tiempo, entre días, entre noches, y si ansías el broche que zanje la historia, ponte a esperar, porque esto va para largo.

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sábado 25 de octubre de 2008

Nadie contaba en serio con nuestra astucia



Cuando nos encontramos un día en un pasillo hace ya tantos años, nadie nos habría podido decir que hoy seríamos lo que somos. Cuando nos contábamos batallas en una cafetería repleta de juventud, no habríamos creído que años después nuestras historias serían tan familiares. Sin porqués, sin cuándos ni cómos, simplemente es así y así será. Sólo importa que estemos ahí, y ahí estaremos, seguro. No nos arropamos ni nos protegemos con aires de héroes salvadores, al menos no concienzudamente; simplemente somos nosotros, con nuestras cosas y nuestra sinceridad, y así nos va bien... por los siglos de los siglos.

Nadie contaba con nuestra astucia, querida. Recuérdalo siempre. Esta canción va for you.

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jueves 23 de octubre de 2008

Mil novecientos ochenta y cinco

Siempre estaba sentada en su vieja silla de madera. Mil inviernos vio pasar, y su marchito abrigo raído y el calor de las castañas la protegían del frío cruel. Nunca hablaba. Vio niños hacerse hombres, contempló solares erguirse en orgullosos edificios, tan impensables en su niñez como ahora reales. No pudo ver su pelo tornarse gris, en la calle no había espejos. Tampoco pudo ver su sonrisa caer cuando un mal recuerdo la rondaba o levantarse cuando la insignificancia más grande llamaba su atención, cosa que raras veces ocurría. Nadie le dirigía la palabra, pero todos sabían que estaba allí. Si algún día faltaba, el escenario se antojaba ajeno, carente del color primario. Pero ella nunca faltaba. Siempre estaba sentada en su vieja silla de madera. Asumió que el tiempo no es eterno, que igual que cura y cicatriza heridas, te arrebata promesas y proyectos que un día se convirtieron en realidad tangible. Aprendió que la vida no se queda para todos, que arranca las raíces más profundamente arraigadas, y que la salud no se alía con nadie ni tiene favoritos. Dominó el arte de la resignación, y llegó a la conclusión de que su única pertenencia era una silla de madera.

Un día se agachó a recoger su pañuelo del suelo y se fundió con la tierra para nunca volver. Y los niños siguieron haciéndose hombres, los inviernos continuaron sucediéndose y las castañas dando calor.

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miércoles 22 de octubre de 2008

¡¡YA TENGO LAS ENTRADAS!!

Y estaré allí...



Si Sitel lo permite, claro. Si no, los mato. Pero ir, voy.

martes 21 de octubre de 2008

El botellódromo está en Galdakao



Nunca en mi vida he hecho una botellona y he visto a mi lado a un viejo de 78 años con su botellita de ron, su coca-cola, su hielo y su dominó. Nunca. Bueno, pues en un hospital de Galdakao se ve que no hacen una botellona desde sabe Dios cuándo o que nunca en su vida la han hecho, porque el lunes hicieron pasar a un viejete uno de los peores días de su vida. Bueno, los del hospital y el colega que le tocó de compañero de habitación, porque ni el Makinavaja era tan macarra como el amigo. Resulta que este pobre hombre, de nombre Luis Alonso (y no, no se ha escapado de una telenovela, es que España antes era asín), estaba tan tranquilo en su habitación de hospital cuando le llegó un compañero, algo más joven que él -por decir algo-, y con pintas un poco siniestras. Cuando los familiares le dejaron solo, aparecieron unos amiguetes con un lote y, ala, a hacer una botellona en la habitación, con el abuelete al lado de espectador. Pero no conformes con esto, se dedicaron a decir cositas a las enfermeras. Estoy seguro de que si en unos años este hospital es abandonado y el Fríker Jimenez del siglo XXIII se dedica a hacer psicofonías, podrá oírse claramente en la cinta: "Tïa wenaaaaaa, masssisssssaaaaa, tu culo me hinotissssssaaaaaaaaaaaa". Por cierto que al parecer también le dieron a los pitis -es que eso entra muy bien con el cubata-. Al rato también acudieron, alarmados por el escándalo, un celador y un vigilante del parking y fueron debida y literalmente mandados "a tomar por culo". Ea, con dos cojones. Y el pobre Luis Alonso mientras tumbado en su camita contemplando el espectáculo, y seguro que ni un cubata le ofrecieron. Os preguntaréis cómo acabó la botellona. Pues se fueron TODOS de juerga. Y cuando digo todos es todos, paciente incluido, que ni siquiera tenía el alta médica, y menos a esas horas, claro. Luis Alonso al fin podía descansar tranquilo.

Pero no.

Porque la cosa no acabó aquí. A la mañana siguiente, llegó un médico y echó del hospital al viejete. Luis Alonso, que no entendía nada, informó al doctor de que se encontraba mareado, ante lo que este respondió gritando: "Ya me imagino yo por qué está usted mareado".

Y yo me cago en diez. Porque ese hospital está muy lejos, aquí en Sevilla no dejan hacer botellonas, y yo necesito un sitio donde beber los fines de semana. Y además hay enfermeras.

lunes 20 de octubre de 2008

Chupa, chupa, que yo te aviso



Vas sentado en el metro, preferiblemente en ventanilla. El tren se para y a los pocos segundos te ves al maquinista, que debería estar montado en la cabina, pegándose de ostias con un travesti a unos metros de ti, en la parada. ¿Qué ha ocurrido aquí?

Pues ha ocurrido que pocos segundos antes el tío estaba con los ojillos vueltos mientras el travelo le cantaba una de karaoke y todo esto con el tren en marcha. Ocurrió en Madrid, en el trayecto que une las estaciones de Sol y Moncloa, el pasado 29 de agosto de este mismo año. El conductor, un tipo de 45 años, acordó "la cita" con un travesti y, cuando este/a acabó de hacer lo que tenía que hacer, reclamó su dinero. Y resulta que, llegados a la siguiente parada, el conductor se negó a pagarle, ante lo cual, la parte contratada se indignó tanto con la parte contratante que se lió la de Dios, llegando incluso hasta las manos y degenerando tanto la cosa que el ring de boxeo se fue desplazando desde la cabina hasta la zona subterránea en la que los ciudadanos esperan pacientemente la llegada del tren. Ni en Street Fighter. Me imagino la cara de los pasajeros al ver la escena, quienes no sospechaban que por su abono habitual no sólo iban a gozar del viaje, sino que además iban a presenciar una lucha conductor-travesti en directo y a pocos metros.

Si es que lo que no pasa en España...

sábado 18 de octubre de 2008

Voces que abrigan



No soy amigo de idolatrar. Antes sí, ya no. Y no idolatro, creo. Pero este tío me tiene encandilao. Cuando estoy mal, cuando estoy jodido, cuando las venas aprietan y amenazan con salir de la piel, escucho su voz y me calmo. Es un poco como cuando un bebé llora y la madre llega y ea, se acabó. Ya sé que es muy gay lo que estoy diciendo, pero es que es así, ¿qué le voy a hacer?

Eso por no hablar de la cara de buena gente que tiene er shavá; es de esos con los que te gustaría irte de copas y pasártelo bien y charlar horas.

A los que no le hayáis escuchado, os animo a que lo hagáis. Los fagocitadores de la promoción impiden que un tío con tanta validez sea tan conocido como debiera, pero ahí está. Con sus canciones, con su voz. Me quito el sombrero, Xoel.

viernes 17 de octubre de 2008

La gran mentira de los refranes populares



Hoy vengo dispuesto a desmitificar a unos listillos farsantes que han sido incomprensiblemente aceptados por la sabiduría popular y que, a pesar de su evidente inutilidad e incoherencia, parecen resistir el paso de los años y las décadas. Vengo dispuesto a quitar la máscara a los refranes populares. El porqué: porque son todos MENTIRA. Y puedo demostrarlo. Ahí van los más conocidos y, por ende, los más absurdos que ahora mismo me vienen a la memoria:

1.-Perro ladrador, poco mordedor. Usted perdone, señor refranero popular; a mí nunca me ha mordido un perro, pero si algún día uno lo hace, no me imagino al can viniendo en silencio y tranquilamente hacia mí y largándome un bocao porque sí. Está muy bien eso de que la imagen retórica del perro venga que ni pintado para aplicársela a los mongolos que van pavoneándose por ahí y que luego no tienen ni media colleja, pero vamos a ver si somos un poco más coherentes.

2.-A quien madruga, Dios le ayuda. Y UN NABO. Madrugar es una de las cosas más abominables que existen en la vida, y la única que a mí me ayuda cuando madrugo es la cama. Así que a ver si dejamos de decir tonterías y asumimos como hombres que tenemos que madrugar y punto. Ome ya.

3.-A caballo regalado no le mires el dentado. Mira, perdona, pero si a mí un amigo o familiar me regala una mierda envuelta en papel de plata el día de mi cumpleaños, ya puede ser un regalo y todo lo que tú quieras pero es una mierda de regalo. Qué humildad más innecesaria, coño. A todos nos gusta que nos regalen cosas caras, qué cojones.

4.-Más vale maña que fuerza. Este refrán posiblemente lo inventó uno que estaba muy canijo. Si se te pincha una rueda, ya puede venir Mcgyver con anemia que no la cambia ni de coña. Lo siento, pero la fuerza también es importante. Por eso quiero volver a Gorditolandia.

En fin, podría seguir con algunos más, pero es que no tengo tiempo. Espero que con los ejemplos que he mostrado haya quedado suficientemente claro que los refranes no sirven para nada, son unos engañabobos y deberían desaparecer o ser modificados para que tengan un poco de coherencia. Un besito a todos.

miércoles 15 de octubre de 2008

Porque las cosas cambian

Recuerdo cada uno de sus huesos, el sonido de los días, las alas que comenzaron a crecer... Recuerdo el sabor del cielo, el humo distinto que inhalaba al respirar aire en condicional de subjuntivo. Recuerdo las cuerdas alrededor de mi garganta, el dolor de saber lo que sabía que iba a ocurrir. Recuerdo las pupilas afiladas, clavadas en el estómago, preñado de puños cerrados, de mordiscos al aire, de arena entre dedos que temblaban porque escribían la palabra "fin" en cada una de las aristas de un cuarto vacío. Recuerdo las manos acariciando mi sombra oscilante, entre nubes de cristal, hechas añicos por culpables no juzgados ni condenados, hechas trizas por palabras escupidas y esculpidas con saña. Recuerdo alimentarme de su aire, beber de sus lágrimas, robar las montañas para subirlas cuando me apeteciera. Recuerdo el cielo del sur, celeste o nublado, ya no lo sé. Ya no lo recuerdo. Sólo recuerdo sus huesos.

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lunes 13 de octubre de 2008

Romería in the water y el pueblo del demonio



Ayer estuve en una romería. Yo. El hombre anti-folclore, rodeado de guitarras españolas, sevillanas (de las que se tocan, no de las muchachitas de esta ciudad, que también), campito, olés y tradición pura y dura. Y barro. Mucho barro. Llegué a casa con barro hasta en las orejas, pero la verdad es que la cosa estuvo de puta madre y además nos trataron muy bien y nos dieron de comer y de beber mucho y de calidad. Al final Fátima va a ser buena gente y todo. Pero basta de contar anécdotas que esto parece un "Querido diario" de estos baratos y vamos a lo que importa, a lo que tiene enjundia, a lo bueno de verdad del día.

La romería era en Valencina, pueblo un poco feo de Sevilla que todo el mundo sabe dónde está menos los tres individuos que íbamos en el coche ayer. Lo mío es especialmente grave, teniendo en cuenta que viven allí mi amiga Fátima y mi hermana de sangre. Po no sé ir a Valencina, qué pasa. El caso es que hubo una especie de malentendido telefónico por el cual dimos por hecho que sabíamos llegar y cuando nos encontramos en la carretera nos dimos cuenta de que no. Así que nada, a falta de GPS, tiramos de llamadas telefónicas varias hasta que nos encontramos en Gines, sin tener ni puta idea de para dónde tirar. Dos de la tarde. Lluvia a mares. Casi nadie por las calles del pueblo del demonio. Y nosotros decidimos llegar preguntando, el más antiguo de los GPS que puedan existir.

Un sevidor, que va en el asiento del copiloto -y ese asiento otorga el cargo de preguntador-, divisa a una mujer. Bajo la ventanilla y justo cuando voy a llamarla, esta, que iba de espaldas, gira un poco la cara y, o ha tomado mucho el sol, cosa que es difícil porque lleva varios días nublado, o es negra. Optamos por preguntar a otra persona, porque esta de Gines, Gines, no es. Seguimos avanzando y nada, nadie. Hasta que llegamos a un semáforo en rojo y, a los pocos segundos, se coloca justo a mi lado un nota con una vespa y un casco más grande que él y la moto juntos. "Po na, vamos a preguntarle a este", pensamos, y bajo la ventanilla.

Yo: Oye, perdona...

Un chino. El tío gira la cara y es un chino. Un pueblo de Sevilla de toa la vida, y nosotros vamos a preguntarle a la africana y al chino del pueblo. El diálogo es el siguiente, que no tiene nada de particular, salvo que el esfuerzo que yo tengo que hacer para no descojonarme en su cara y que no se piense que me estoy riendo de él es sobrehumano (ADORO a los chinos):

Yo: ¿Sabes cómo se va a Camas?
Mi amigo (y conductor): Valencina.
Yo: ¡¡¡Valencina!!!
Chino con casco grande: ¿Valensina? Sí, pala aquí y pala allá, y allí etá Valensina.
Yo: ¡Gracias, tío!

Ea, y ya me puedo descojonar a gusto. Al final llegamos a Valencina gracias al chino, quién nos lo iba a decir. Tal vez si le hubiéramos dado una oportunidad a la africana...

Sobre lo que comí y bebí de balde (vergüenza debería darme) y sobre el típico comentario que en algún momento de la tarde se escuchó ("Esta gente debería pagar algo ya, ¿no?), ya hablaré otro día. Pero quiero insistir en que nos trataron DE PUTA MADRE. Vivan los valencin... los val... los... ¡¡¡viva la gente de Valencina!!!

domingo 12 de octubre de 2008

Cuando las mujeres salen de día

Ayer probé los placeres de la juerga diurna, terreno absolutamente inexplorado por mí, vampiro de la noche y de la oscuridad. Y descubrí varias cosas, una de las cuales me sorprendió por encima de las demás.

1.-Cuando entras en un bar, da igual la hora del día, SIEMPRE es de noche. La gente se comporta como si de noche fuese, beben los mismos cubatas y hacen las mismas chorradas, y, por supuesto, están igual de borrachos. Nota mental: ayuda mucho a lo dicho que los bares sean oscuros porque no tienen ventanas o porque estas son opacas. ¡Qué astutos, estos hosteleros!

2.-Los cubatas entran igual de bien a la 1 de la mañana que a las 5 de la tarde. Es más, me atrevería a decir que entran MEJOR a las 5 de la tarde que a la 1 de la mañana.

3.-Hacerse la cena borracho es MUY DIFÍCIL. Nota mental: la sartén no cobra vida, es que tú has bebido demasiado.

4.-Es MUY RARO llegar a casa pedo y ver que las luces de las casas están encendidas, que los niños todavía no se han acostado y que las viejas pueden señalarte y decir: "Mira el borrachuzo ese".

5.-Es MÁS RARO todavía poner la tele y que no haya teletiendas. Aunque ahora que lo pienso, hace tiempo que ya no hay teletiendas y sí mujeres con faldas cortas intentando que llames para decir qué palabra se esconde en las letras (desordenadas) P I S C I A N.

6.-Lo más impactante, lo que más me impresionó, lo que todavía no me explico: LAS MUJERES DE DÍA SON BUITRES. Acostumbrado a las hostilidades nocturnas de las féminas que se sienten acosadas por los hombres cariñosos, lo de ayer me dejó kao. Son receptivas, sonríen y además algunas son hasta buitres. Gañanes, lo vuestro es el día y no la noche. Ver para creer. Nota mental: esto hay que estudiarlo.

Hoy experimento nuevas experiencias otra vez: romería y olé. Quién me ha visto y quién me ve.

Os dejo con una milonga. Buen domingo.


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sábado 11 de octubre de 2008

Las cosas no son lo que parecen



Hoy me ha ocurrido una cosa. Estaban echando en Canal Sur -qué gran canal- El lago azul, película que siempre recordaré desde mi infancia porque Brooke Shields sale desnudita. Fue rodada en 1980 y he de decir que nunca la he visto entera. Esta vez no ha sido una excepción; digamos que la iba dejando cuando salía el culillo de Brooke y la quitaba cuando no -¿para qué os voy a engañar?-. Pero quién me iba a decir que en esta ocasión iba a ocurrir algo sorprendente, al menos para mí. Hay películas famosas, clásicos, de las que uno sabe el final y vive con ello. En Titanic, el barco se hunde y Leonardo Di Caprio muere congelado; eso es "asín", y nada lo va a cambiar. En El sexto sentido... bueno, me callo por si todavía queda alguien que no la haya visto. En Lo que el viento se llevó, Clark Gable siempre acabará diciendo: "Francamente, querida, me importa un bledo".

Pero el final, mi final, de esta película donde Brooke sale desnuda ha cambiado en el día de hoy. No sé si es porque nunca la he visto terminar o qué cojones ha pasado, pero siempre había dado por hecho que los protagonistas acababan muriendo porque se comían unas bayas venenosas o algo así. Pues resulta que no. En la escena final, un barco con unos marineros que los están buscando -creo que uno que se parece a Einstein es familiar de alguno de ellos o algo, porque los busca con aínco y dedicación-, encuentran la barca en la que Brooke -vestida, maldita sea-, el rubito y el niño con cara de guiri vagan sin rumbo con los ojos cerrados y estáticos. El que se parece a Einstein le pregunta a uno de los marineros: "¿Están muertos?". Y hete aquí mi sorpresa, porque el tipo responde: "No, están dormidos".

Jódela. No sé cuántos años llevo pensando que morían, y al final... ¡¡¡resulta que no!!! Aunque claro, siempre cabe la posibilidad de que el marinero este fuera un cachondo mental y utilizara la ironía en su frase -como yo he hecho anteriormente con lo de que Canal sur es un gran canal-, y por razones de metraje, tiempo o lo que sea, la frase estuviera incompleta y el diálogo real fuera tal que así:

EINSTEIN: ¿Están muertos?

MARINERO CACHONDO: No, están dormidos, ¿NO TE JODE?

No sé, no sé. Habrá que indagar en internet a ver qué opina al respecto el populacho.

viernes 10 de octubre de 2008

Me cago en el gendarme, en el de la gasolina y en quien se me ponga por delante



Esto pensó o dijo un señor de Vizcaya de cuarenta años de edad cuyas iniciales son JM. I. QU. (no entiendo estas iniciales, pero son las que vienen en la prensa), alias Mecagoentó, que, ante la negativa del vendedor de una gasolinera de abrirle la puerta del establecimiento a horas ya no tempranas y su exigencia de utilizar la ventanilla de seguridad, no se le ocurrió otra cosa que empezar a cagar como un loco.

Me explico: al parecer, el individuo quería entrar en el local donde se venden las típicas golosinas varias, patatas y productos de la más alta heterogeneidad, pero, al ser las once y media de la noche, el dependiente le pidió que pagase el repostaje por la ventanilla que todos conocemos. Este hombre debía tener algo personal con las ventanillas o algo le habrán hecho de pequeño, porque se cabreó tanto que empezó a insultar al pobre dependiente y a aporrear el cristal como un poseso, hasta tal punto que este tuvo que llamar a la Ertzaintza, la cual acudió rauda y veloz, pero no hizo desistir al señor diarreico de su agresiva postura. Al negarse además a facilitar su documentación, la Ertzaintza procedió a su arresto, momento en el cual JM. pidió ir al baño un momento -mmm, aquí algo olía mal-. Se metió en los servicios y, segundos después, salió corriendo desnudo de cintura para abajo y echando caquita por la gasolinera.

Pero no paró aquí. Una vez en el coche patrulla camino de la comisaría, procedió a evacuar un poquito más. No sé si la Ertzaintza llevará pinzas en los coches para la nariz, pero el papelón del camino tuvo que ser tremendo.

Ante lo cual, y como conclusión, digo: este hombre es un cagón, tiene un gran control de su esfínter y debe comer muchas legumbres, porque jamás vi ser humano con tanta capacidad de riegue fecal en las treinta primaveras que me adornan.

jueves 9 de octubre de 2008

El porqué de mis lamentos



Porque tengo entrañas que muerden.
Porque mis silencios abren resquicios.
Porque si entras sales como si nada.
Porque corre por mis venas un dolor que no se puede domesticar.
Porque ayer nadé en hielo y no consigo congelar mis brazos.
Porque dormito cuando duermo y duermo cuando estoy despierto.
Porque supe lo que no sabías y no supe como decirlo.
Porque me mantengo firme cuando me flaquea la firmeza y me flaquea la firmeza cuando me mantengo firme.
Porque hablo cuando estoy callado y sólo suenan suspiros.
Porque no pesabas en mi espalda y pesa no llevarte.
Porque no me muero con disparos y me sangra la ausencia.
Porque no hay hueco donde esconderse cuando aprieta la nostalgia.
Porque tengo días de perros donde ladran mis sienes de tanto frotarlas.
Y porque sí. Porque soy así.

miércoles 8 de octubre de 2008

Siete kilos que engordar y una nueva vida en la guantera



He perdido siete kilos en los últimos dos meses. Dicen que estoy peor. No sé si estoy peor o mejor, no tengo ni idea.

La semana que viene empiezo un nuevo trabajo y con ello una nueva vida. Conoceré a gente distinta, y quién sabe si todo irá a mejor.

Sólo sé que la pena pesa siete kilos. Siete kilos que perdí no sé dónde y que tengo que recuperar, porque sí, porque eran míos y ya está.

No sé si los guisantes tuvieron la culpa o quizá es que es hora de asumir que las cosas no van bien.

Siete kilos. Invocación de donuts.

Volveré.

lunes 6 de octubre de 2008

Promesas rotas

El 2008 está siendo definitivamente un puto año de mierda. Comenzó con muchas promesas; típico, tópico, manido... Y todas se fueron rompiendo una a una, hasta llegar a ser lo que es a día de hoy. Un año para olvidar. Han pasado muchas cosas malas; cosas que la gente sabe y contra las que han intentado ayudarme, y cosas que la gente no sabe y me he tenido que comer solito y en silencio -y no, no son hemorroides-. No pasa nada, la vida es "asín". No me quejo, no lloro, no aprieto el puño; es lo que hay. El otro día estaba en casa ajena releyendo mi otro blog, la cantina, y me di cuenta de que era el diario de algo que no quería tener, algo que no quería recordar. Y sólo dos días después, me dije: "A chuparla", y lo cerré, después de un amago fallido de abandonarlo tan solo unas semanas antes.

Hoy empiezo este nuevo blog, que, no voy a engañar a nadie, va a ser más de lo mismo, porque yo soy yo, sigo siendo yo, y, para bien o para mal, seguiré siendo el que soy hasta el día que me muera. Por muchos reveses que me encuentre, por mucho juego de cintura que tenga que tener ante la gente con la que me cruzo, por mucho que me digan y me hagan. ¿Por qué? Pues porque sí. Porque pa chulo yo, y ya está. Seguiré cantando con mi guitarra, seguiré diciendo tonterías cuando esté contento y gilipolleces cuando esté triste, y seguiré haciendo lo que hago cuando me hacen lo que me hacen, porque me miro al espejo y soy el mismo, por mucho que gire la vida. Abro este nuevo blog como algo simbólico, desde el convencimiento de que ahora todo va a ir a mejor; no sé por qué tengo este convencimiento, pero lo tengo. Tal vez debajo del derrotismo hay algo de optimismo... Claro que lo hay. Siempre lo ha habido.

Por muchas promesas que se rompan.

Bienvenidos.


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Canción: Promesa rota; voz: yo, MUY acatarrado.